miércoles, 29 de abril de 2009

Yo no paso de Los Peatones

Los Peatones, probablemente el grupo de vida más corta del rock y pop español. Apenas media hora larga de concierto en un concierto de Radio 3 de cuando los míticos conciertos de Radio 3 rozaban el mito, con hijos de grandes grupos que rozaban las nubes del Elíseo y después, pup, desaparecían. Y quedaba el recuerdo, tal vez un caset, de aquel concierto escuchado en una mesa de estudio llena de papeles y libros raros, en una habitación de frío piso de estudiante de cabeza caliente en un intempestivo siempre Barañáin.

Y atacaban la rumba que es el cruce natural del rock, de la movida, del reagge, de la pose chulesca, de la patilla y de la camisa de lunares, catorce mahous para los del fondo y como te pille, morena, te fundo en el futbolín.

Plip-plap, y se terminó. Suerte los que los oímos.





Luego estaba el vecindario. Que no es lo mismo que te despierten tres erasmus borrachas perdidas, que es para darles de tortas hasta que se te duerman las manos a que lo hagan los más grandes, El Pescaílla y Lola, la más grande. Y si no, a ver.

jueves, 1 de enero de 2009

Se me olvidó ponerle título, jolín. Feliz año, o sea.

A ver, el año, dejémonos de tontadas, casi que conmienza cuando los colegios, cuando la gente vuelve con cara de Cancún, la marca de las gafas de sol y un ciero olor de paella.
Pero como el día uno es el día uno y enero es lo que tiene, pues nos vamos a lo clásico y listo.
Como lo de las uvas y los pesados del matasuegras son unos tostones, aquí, cuando se le da apertura al año, entre polvorones y una copita de vino dulce o hasta de espumoso, que la verdad, ni fu ni fa, pero un día es otro y bien frío tan bien entra, es cuando el Ricardo Mutti que toque ese año, desenfunda la batuta y comienza el Danubio Azul.
Pero qué rebonito es el Danubio azul, jolín. Que es comenzar a oírlo y ver las naves espaciales de 2001 a la vez que a los japos forradísimos que copan la sala dorada del Musikverein y que al tío del arpa y al vago del bombo, que para dos arreones que le da, oye, sale en la tele y por trabajar el día uno le han de pagar un buen complemento. Bueno, que me pierdo. Que feliz año y que nos vemos por aquí o por allá, donde haga falta.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Feliz Navidad


Carlos Saura, tars aquella espléndida Sevillanas, que hizo, si no recuerdo mal, en los alrededores de la Expo, filmó unos años después, en la Estación de Santa Justa de Sevilla, una de las mejores películas musicales de la historia. Flamenco.
En ella, se sucedían números de cante, toque y baile verdaderaqmente hermosos. Había una cierta historia, tan sublime como la misma película. Se trataba de una jornada, desde el amanecer al anochecer, el nacimiento, el final, el alba, la noche, el niño que baila con el anciano que baila, todo inspirado gracias a unos plaones sobre los que Storaro diseñó unas luces capaces de narrar.

Entre los cantes, un villancico.
Toda la cuadrilla de gitanos cantando, participando, escuchando, cantando, disfrutando, dicvirtiéndose y también, dando salida a una miajita de nostalgia, de tristeza, de dolor y de pesadumbre, por lo que ha pasado, por lo que va a pasar.
Pero ha nacido el Niño y hay que celebrar.

Feliz Navidad


jueves, 27 de noviembre de 2008

lunes, 27 de octubre de 2008

Siniestro


Cuando los dinosaurios caminaban por la tierra, Miguel Ríos ya era mayor y, como empezaba a pasarlas canutas por las deudas que arrastraba tras sus exitosos y fallidos macroespectáculos roqueriles, le pusieron a hacer una cosa en la tele. Y estaba muy bien. Y el hombre no acabó en el trullo. Mejor que chupar del bote d ela esgae es. A ver si no.

Un día apareció por allí Siniestro Total, pero los postCoppini, o sea, algo menos cazurros aunque aún no tan bluseros como llegarían a ser después. Tocaron unas canciones en directo, como hacían todos en aquel programa, oh, tempora, oh mores. Y entre ellas, esta. Hoy incorrectísima. Qué le vamos a hacer, en este mundo de cangrejos cobardicas.


lunes, 15 de septiembre de 2008

Y fin


Me decía que no, que no, que no podía ser, que tenía que venir a España, que no que no joer, que hasta iba a actuar en Polonia.

Que vendrían, que por fin podría ver a medio Pink Floyd en directo, que vería a la buena mitad de los Floyd, a los que no echaban a sus compañeros porque no les gustaban, a los músicos de verdad, a los que podían volverte a emocionar haciendo. A los que volvían a dejarte con la boca abierta al tocar Astronomy Domine, Arnold Layne, Echoes, siempre Echoes, casi lo mismo pero mejor treinta, cuarenta años después.
Pero iba a la güep de David y no, venga Francia, tocaba Italia, yo qué se, de todo, pero aquí nada.

Luego
me acuerdo de cuando, tras mucho pedirle al de Kebra Disc a ver si me conseguía el disco de Wright en solitario, un día entro y me dice, oye, tengo algo...

Ya no hay Floyds.



martes, 26 de agosto de 2008

A vueltas con la crisis


Cuando Antonio Naranjo me prestó en una lejana Navidad de mi tardía infancia o primera aolescencia las Crónicas Marcianas coincidió que mi primo me grabo en una cinta de casete un disco de Mike Oldfield. De hecho, me grabó dos, uno por cada cara, en la primera el Crises y en la otra, el Platinium. Curiosamente me los grabó en una cinta de cromo, que eran las fetén, como si dijéramos, sólo reservadas para los discos buenos. Las normales, si las pasas mucho, se cascan enseguida, decía el mito. Creo que por ahí andan todavía.
La cuestión es que en aquellas vacaciones de hace ya tanto, anduve leyéndome las Crónicas a la vez aue escuchaba el Crises. Y el resultado es que se mezclaron tanto que cuando hablo del uno, oigo el otro, lo releo, lo reescucho, siempre pienso en el otro. Me acuerdo también de Antonio, de mi primo, de la tarde de fin de trimestre cuando me dijo, te lo dejo, ya me lo devolverás a la vuelta de vacaciones y el aparato de la música que con trastos viejos se había hecho mi primo y donde copiaba como loco lo que le caía entre sus manos.

Ese año no le vi, creo, porque no vino, pero al siguiente, o al otro, no me acuerdo, vino de gira. Fue mi primer concierto en mayúsculas, o sea, de una estrella, cosa rocanrolera o más bien moderna, ya nos entendemos. Mike Oldfield tocó, entre muchas otras, esta canción y a mi se me cayó la baba. Para entonces, ya me había comprado mi propio elemplar de Crónicas Marcianas.
Desde entonces, lo he escuchado muchísimas veces. Desde entonces, lo he releído más de diez veces. Unas cuantas más.
Creo que por aquí abajo, si la técnica lo permite, hay un botoncito para escuchar esta fantástica canción. Os sugeriría que la escucháseis leyendo las Crónicas.