Tony Bennett viene por primera vez a España. A actuar, supongo. Es
decir, a actuar viene, pero me imagino que alguna que otra vez habrá
pisado la tierra patria, yo que se, para un trasbordo de aviones de
esos que llaman enlace o escala.
Si la gente escala en Islandia, que
anda que no ha de ser un sitio raro, a ver por qué no va a hacerlo
en Barajas, pongamos por caso. Claro que igual aprovecharía allí
para, entre compras de colonia y de Marlboro o de Jack Daniels para
Dino y Frankie para echarse un cantecito, fly me to the Mooonnnn...
con lo de que la primera vez igual sería la segunda.
La sustancia, de todos modos, es que a sus 86 añazos, Tony Bennet
viene por estos lares a cantar lo de siempre. Excepcional.
Y que vuelva muchas veces.
Vaya, esto tenía que ser junio, pero uno no puede tenerlo todo en la cabeza, que con la renta y tal ya tenemos bastante.
Lo cual que quería poner un asunto por acompañar lo del garito pero me saltaba la tontería e poner al menos una cosita aquí cada mes, doce al año, que tampoco es para estresarse, que luego Atiza, la del blog inexistente, me llama vago.
Pues vaya aquí esta cosa para un tío que de vago no tiene un pelo y que tiene la virtud de sacarle una risa de la tripa al personal, lo que no está nada mal. Y que sin haberlo deseado, me la salido una empanadilla. Lo que conforma que los chistes de Millán se me han pegado más a las neuronas la mugre esa de las venas que te quita el Benecol o el KaikuBulldozer, lo que sin duda merece mucho más la pena.
He visto hoy otra versión de este mismo vídeo pero con unos textos y tal, y como era un poco agobiante, que si no es cine finés o así o está uno a letricas o está las imágenes, lo cual que termina perdiéndose que es que ya uno no tiene cabeza más que para hacer trastadas. Así que como he encontrado este otro, sólo con la imagem para tochos, como si dijéramos, pues lo pego mejor.
Es la Legión, en Málaga, con el Cristo de la Buena Muerte, que se le encoge a uno esto de aquí y que parece que tenga no una pelota de tenis, una sandía de esas de carretera en la garganta. Y los muy suyos, que se arrancan a cantar. Joer, que es que una panda de legionarios cantando impone la tira y media. Yo les he visto pero en plan veteranos, con una barriga de cuidado y más arrugas que la sábana de una pensión portuaria, pero que cuando se agarran al Cristo y se ponen a cantar, jolines qué tíos, todos los demás nos vamos haciendo chiquititos y pulgosos que nos quedamos en nada.
El año pasado, cuando la infausta Chacón les trató de meter en una cueva, ellos salieron. El año pasado cuando vino el Papa y liaron el Via Crucis, en la Castrense de Madrid, donde estuvo el Cristo de la Buena Muerte, hubo una guardia de legionarios velándole todo el tiempo.
Una vez, una divertida insensata tratando de salvarme de una vomitona segura, le dijo a un camarero que yo era alérgico al pomeriggio*. En esta canción, ni de lejos, en mi opinión de las mejores de Battiato, sale el pomeriggio. Y las playas solitarias.
Aquí está Battiato, hace un par de años, elegante, aunque sin peine. Pero así es Battiato, que hasta con una canción que ni fu ni fa, nos cuenta/canta cosas fascinantes. Como los pomeriggios bellos. A los que, insisto, no soy alérgico.
Vaya. Ando mirando cosas musicales y trataba de recuperar un programa de radio sobre Battiato que he escuchado esta mañana de la güep de Rtve. Abro la pricipal para ir a lo de la radio a la carta y veo la llamada sobre el fallecimiento de Enrique Sierra, el guitarrista de Radio Futura. Vaya, hombre. Enrique Sierra tenía muy mala cara desde hace treinta años, lo menos. La mala vida, pensaba todo el mundo, pero por lo que parece ha sido cosa de los problemas renales que arrastraba desde hace mucho tiempo, me parece. De hecho, en el tramo final de Radio Futura anduvo compartiendo las guitarras con el inglés aquel, que también era muy bueno, porque la mitad de días andaba el hombre un tanto jorobado. Estaba, ya digo, a propósito de lo de Battiato, viendo chorradas antiguas y he dado con un programa de Paloma Chamorro donde ponían música de vanguardia. De allí a los vídeos de Derribos Arias, de Glutamato Yeyé, de Golpes Bajos y de Loquillo, yo qué se. Unas joyas de cuidado. De por allí rescato esta larga versión doble, instrumental y cantada de la Escuela de calor, que no es mi favorita del grupo pero que está muy bien interpretada. Entre el personal que hay sentado al principio está el último Berlanga y al fondo creo que Ordovás. Enrique Sierra está en su línea, un pintas de cuidado con pelos de pincho y guitarreo un tanto espasmódico. Son la mejor formación de Radio Futura, con Solrac Velázquez en la batería.
De vez en cuando escucho La canción de Juan Perro, un disco que yo creo conceptual, que me suena a Macondo y a una mulata bailonga, a cervezas amargas -a ver si no- y al primer concierto de rock, una primavera de vete tú a saber cuándo,, de la que recuerdo que tocaron una versión de un grupo que estaba comenzando "y son de aquí", dijo Santiago. Se llamaban El último de la fila. Ya ves, Enrique, de lo que se acuerda uno.
Joe Strummer, alma mater de The Clash, palmó prematuramente y de algo ni sucio ni rocanrolero, un poco al estilo de los Ramones, tan cafres en la vida, pero tan sosos en en el traspaso, como si dijéramos. En una especie de aquelarre de la MTV o algún canalillo musicaloide, parece que le homenajearon estos cuatro piezas con lo más parecido que uno imagina a un funeral vikingo pero sin pegarle fuego al drakkar.
Con el número uno, Elvis Costello, con esas lupas de vértigo, al que todos admiramos secreta y públicamente por ese pedazo de churri con quien sigue casado sobre viento y marea, en fin, ay, uf. Con el dos, Bruce Springsteen cada década más joven aún, algo hay, no se. Con el tres Dave Grohl, mucho mas listo, mejor músico y más desconocido. Con el cuatro Little Steven, un poco más redondo cada día y que a mi me sigue recordando mucho a Al Pacino.