Bueno, este fin de semana, Dios mediante, harán una cosa muy bonita de cursi nombre. En fin, estos pijojipis, lo que siempre ando contando por ahí. La cosa es que vuelve la Patrulla Aspa, los Alas y la increible Patrulla Águla. Ay, si hubiese sido más hábil con las mates, más ddedicado al ejercicio, menos salomómonico en mi columna y tan distinto como soy. Bueno,m cada cuál vuela como el da la gana. Pienso en aviones y canciones y no caigo. Tiro de gugle y me sale una, la primera, o segunda o así. Aviones plateados.
Nunca se fueron, como Radio Futura, porque siempre han estado, aún sin estar. Pero los recuperaremos en la medida que lo merecen: como los dos grandes grupos de su momento y de todos los momentos. Les pudo el éxito masivo, creo yo, y con tanta popularidad, los exégetas de lo calidoso les dieron un poco la espalda. Pero ahí están. Viva los aviones, viva la Patrulla Águila.
Bueno, canela fina. Esta canción, que magistralmente interpreta David Gilmour en su directo en Gdansk/Danzig, es obra se Syd Barret y apareció en el primer LP de los Floyd. Además, aparecía registrada en el disco en directo de Ummagumma. No en disco, sino en película, la tocaban también en el imprescindible directo en Pompeya y para terminar, la recuperaron en su última gira hasta la fecha, en el disco y deubedé Pulse. Cuentan los cronistas de la época que sobrevivieron al vodka y al LSD que los promeros Floyd, antes de grabar discos, en cuanto dejaron el repertorio de versiones de Bo Diddley, Bob Dylan y algunos bluesmen desconocidos, comenzaron a interpretar las primeras piezas de Barret. La cosa es que cuando se subían al escenario del UFO, que debía de ser un antro de mucho cuidado, o donde estuviesen, arrancaban sus piezas y Barret se ponía a improvisar según le saliese. Waters bastante tenía con no pillarse los dedos con las cuerdicas del bajo, pero Wright y sobre todo Mason con los palos, le acompañaban y le arropaban para que volase su música. Aquellos directos debían de ser irrepetibles, pero apenas hay algún piratilla que los recoje medio malamente. Bueno, en fin.
Una de las diversiones de los floydianos es discutir chorradas. Que quién es mejor, Barret o Waters. O Waters o Gilmour. O el mejor disco. El Animals. ¡Halaaaaa! Y el Dark side está sobrevalorado. Tontadas para matar el rato, no cabe duda. Una de ellas, de las más idiotas es discutir si Gilmour o Barret. Ellos eran amigos desde críos, aprendieron juntos a tocar la guitarra, no formaron grupo, pero tocaron juntos la tira de veces, y cuando Barret se quedó colgado, trajeron a su amigo Gilmour para ver si lo enderezaba. Con Barret fuera del grupo, Gilmour fue el que más trabajó para que sacase sus dos excelentes discos en solitario.
El Gilmour más creativo y talentoso ha recuperado en sus recientes directos varias canciones de Barret. De ese modo, ha cerrado el ciclo creativo de Pink Floyd bebiendo de su fuente más primitiva. Y ha puesto al mejor nivel que nunca tuvo el legado de Syd Barret. ¿Que con quién me quedo de los dos? Con esto.
De esta canción me encanta todo, y cada vez más la burbujeante letra, que resuena como un instrumento más. Para leer. Lime and limpid green the second scene the fights between the bleu you once knew floating down the sound resounds around the icy waters underground
Jupiter and Saturn, Oberon there on the run Titanian, Neptune, Titan, stars can frighten
Winding signs flap flicker flicker flicker flam pow pow stairways scared and death rules there blindman limpid green the sound surrounds the icy waters on the lime and limpid green the sound surrounds the icy waters underground.
A ver, que si se le da al clic, salen unos chinos raros, pero luego,a los poquicos segundos, sale la canción en si, o sea. Bueno, pues como esto es un experimento, probáis a ver qué tal y si os gusta, pues mejor. Digo la canción, que el nombre seguro que no.
Hace ya unos cuantos años que el quiosquero me guarda los Diarios de Navarra en los días de San Fermín. Antes lo compraba en otro sitio, pero era un antipático, así que un día que me largó con cajas destempladas me dije que nunca más, que le diesen morcilla y que a ese no le compraría ni unos chicleses. Y eso que le compraba los DirigidosPores, que era una pastita si uno lo calibraba. Bueno, total, que un día paso y le digo a un tío: oye, que quiero el Diario de Avarra. Vale toma, y pago. Oye, ¿me lo guardas todos estos días? Yo paso seguro, pero por si algún día no vengo, me lo guardas que yo lo recojo. Me pone cara un poco así. Oye, te los dejo pagados, no hay problema, pero me dice que es que no guardan cosas. Son quioscos gigantescos, con la tira de gente trabajando en ellos, atienden a yo qu se cuántas personas al día y algunos de ellos no cierran ni de noche. Bueno, ahora si, porque me imagino que los tajas de las Ramblas les han de montar unos pollos de cuidado, pero esa es otra película. La cosa es que sale otro y le cuento. Bueno, vale, te lo iré guardando. Y así desde hace yo que sé cuánto.
Hoy llegamos en bici. Paro y me acerco. Cuando me ve, directamente echa mano y me dice que ni se había dado cuenta del día que era y que se loe ha olvidado ver el encierro, pero que a partir de mañana no se lo pierde. Y me cuenta que una vez, en una despedida de soltero en Salou, a las ocho menos cinco salió disparado, de canto, cosas de la melopea, a un bar con tele. Sus colegas de correría diciḉendole que qué le pasaba y que a dónde iba. Y yo que ni me acuerdo de qué pasó, que había encierro y me fui a verlo. No me acuerdo de nada del encierro, pero si de que me escapé para verlo.
Si le dais al estop en el segundo 23, aproximadamente, veréis las Ramblas con todo de tíos velocísimos. Pues el primer quiosco a mano derecha, como mirando al mar, y si sigo me sale un bolero. Item más: me gusta la camiseta de la gritona, pero, por el mismo precio, podía lavarse el pelo. De todos modos, hay que reconocer que pega perfectamente con la marranería general del sitio, o sea. Lo jipis que somos.
Bueno, a saber cómo quedará la cosa, pero para ir abriendo boca, un año casi por delante, vamos degustando lo mejor de lo que podremos saborear en la próxima gira de Roger Waters. Descubrir esta canción, primero en los piratas de los directos de los ochenta y al final en los editados de esa gira, tuvo su punto de inflexión en esa magnífica pieza, de lo mejor de aquel concierto bluff y oportunista de Berlín.
La canción es Empty Spaces, pero a partir del miuto 2.34 o por ahí se alarga con What shall we do now, un añadido musical extraordinario y una letra que concluye toda esa trama del disco de forma brillante. Los que la conocéis, ya sabéis, los que no, a bajar la peli. Después de aquello, Bryan Adams dejaba de ser el alter ego en qualité de Bruce Springsteen y terminó baladeando en mermelada y de la voz de Waters nunca más se supo. Los ladrilos eran de cartón piedra, pero todo parecía tan bonito. Viva Berlín, también.
Hace unos días me acuerdo de esta canción y me pongo a buscar el disco. Vaya, no aparece. Sigo buscando y, cosas de la perseverancia, al final está por ahí.
Wenders, el del Cielo sobre Berlín, escribió una película fascinante sobre la ciudad, sobre el cine y la luz de sus imágenes, sobre un anciano Oliveira -que sigue dando el callo a sus cien-, sobre invenciones y lunáticos, sobre Teresa y Madredeus, sobre el Tajo y los miradores.
Son un poco muermos. Bueno, según, digo yo. Según, te pueden llegar a crujir, eso es cierto, pero si te dejas atrapar por las rivirivueltas de los tranvías, terminan atravesándote, como los muros donde escucha el cineasta encantado.
La peli, por si hay algún despistado, Lisboa Story, de Wenders. Los lincs siguen gustándome. Por eso insisto.